
En la cabecera del blog aparecen las aguas del puerto de Cartagena. Allí el Mediterráneo se recoge entre montes para dar cobijo a los barcos. Y allí me dirigía muy frecuentemente yo, anocheciendo ya, para, mirando hacia la bocana, dejar que lo vivido durante el día el mar lo batiera hasta hacerlo pensamiento de espuma y gaviotas.
El puerto “cerrado a todos vientos y encubierto” al igual que acogía naves venidas de no sé dónde, también acogía mis pensamientos y sentimientos.
El destino ha querido que la mayor parte de mi vida haya transcurrido tierra adentro, pero la imagen de ese mar siempre me ha acompañado y serenado en mis turbulencias.
Siempre tuve esa experiencia por un gran regalo.

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