
2.0. Si afirmamos que la filosofía es amor a la sabiduría, eso nos obliga a detenernos en qué puede ser eso de la sabiduría, al menos a intentar hacernos una idea sobre lo que eso pudo representar en el mundo griego.
Es evidente que en otras zonas culturales también hubo hombres que sobresalieron por su carácter de sabios, tanto en el Próximo Oriente, como en la India o China. Hombres que coincidieron en el tiempo histórico, alrededor del siglo VI a.C., como bien observó Karl Jaspers en su obra “Origen y meta de la Historia”, tiempo al que Jaspers llamó “tiempo eje”. Esos hombres y sus pensamientos configuraron, en parte, las grandes culturas de Euro Asia. Habrá que dedicarles algún estudio especial más adelante.
2.1. Los sabios fueron anteriores a la sabiduría.
Filosofía es una palabra griega y fue en el mundo griego donde nació esta actividad para quienes pertenecemos a la cultura occidental. Es la palabra abstracta de philosophos, como se autodesignaron[1] los que se interesaron por la sophia [= sabiduría] de aquellos hombres que tantas enseñanzas y recuerdos dejaron entre los helenos.
Sophós, inicialmente, simplemente designaba a aquel que era entendido en algo, que sabía en el sentido de tener destreza o capacidad para hacer algo. El herrero, el marinero, el poeta, etc. Podían ser llamados sabios en este sentido.
Ahora bien, hay sabios que destacan no solamente por ser entendidos en algo, sino que van más allá de ese algo y su mente se concentra en la naturaleza en que ese algo se encuadra. Cuando Tales de Mileto, uno de los contados entre los siete sabios de Grecia, dijo, según se dice, que “todo está lleno de dioses”, trata de incorporar a su ocupación el resto de las cosas con las que está relacionado ese algo. O cuando se lee en el Tao Te King que “Se modela la arcilla para hacer la vasija, pero de su vacío depende su utilidad”, vemos como la mente se ha elevado de lo concreto e inmediato para contemplar una ley universal, la necesidad de lo aparentemente nada.
Karl Jaspers, en la obra citada, al referirse a los hombres que en ese tiempo eje pusieron los fundamentos de las diferentes culturas dice que en ese tiempo “el hombre se eleva a la totalidad del Ser, de sí mismo y sus límites”…”cosa que resulta de la reflexión. Un día la conciencia se hace consciente de sí misma, el pensamiento se vuelve hacia el pensamiento y lo hace su objeto”, etc.
Encuentro muy interesante todo lo que dice, pero eso no sucedió en el hombre, sino que algunos hombres tuvieron esa fuerza de pensamiento, y por eso fueron admirados y escuchados. Por eso quedaron gravados en la memoria de quienes los conocieron y fueron transmitidos sus decires.
2.2. El amor a la sabiduría como el deseo de ser también sabio.
Sabio es un adjetivo y sabiduría el abstracto de ese adjetivo, al igual que ocurría en el griego con sophós y sphia. Se trata de una cualidad del hombre que se puede tener (y, consiguientemente, no tener).
Sin embargo, Martínez Marzoa, en su obra “De Grecia y la Filosofía”, nos hace caer en la cuenta de lo que dice Heráclito en uno de sus aforismos (B 32): “Una sola cosa, la única verdaderamente, sabia, quiere y no quiere que se la denomine Zeus”.
(Tomo la traducción que de ese fragmento aparece en la obra de G.S. Kirk, J. Raven y M. Schonfield “Los filósofos presocráticos”).
Tó sophòn [=lo sabio], y tal como se dice en ese fragmento, nos lleva a pensar en la sabiduría no como una cualidad inherente al Dios o al hombre, una cualidad que forma parte de él, sino como algo que va más allá de él.
Hay cualidades que pertenecen a aquel que las posee, sean por naturaleza o adquiridas, como ser alto, ágil o inteligente. Sin embargo, la sabiduría que proviene de reconocer lo que es sabio o verdadero, requiere en uno cierta disposición, pero no es de uno.
Dicho de una forma breve, y tal vez más intuitiva, significa caer en la cuenta de que la verdad o la sabiduría se puede tener (o no tener), pero no es de uno.
Más adelante habrá que volver sobre todo esto. Pero sirva lo dicho para ver indicar la dirección en que se mueve ese amor a la sabiduría.
[1] Será a partir de Platón, como puede verse en su diálogo el Banquete o en la Apología cuando empieza aparecer la filosofía como tal.

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